Incertidumbre
Texto del profesor José Tomás Cortés Díaz
¡Hola! señora incertidumbre, usted me hace sentir ansioso, pero enérgico, inquieto, pero feliz, hace que esas mariposas o ese vacío que se siente en el estómago sea una señal inequívoca que estoy vivo. No saber que sigue, como sigue o si sigue algo, solo tiene una certeza, la de no saber nada. Jugar, vivir, se trata de decisiones, es enfrentar un final sin saber cómo será, es recorrer un camino con emoción, con creatividad y plasticidad. Regocijarse en la competición como en la vida, de un recorrido que se construye una y otra vez.
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Vivir el recorrido, significa suponer, imaginar e intuir cosas bajo la efímera experiencia de querer controlar algo. ¿Que quisiera yo? ¿acaso entrar en los pensamientos del otro? y ¿conocer con certeza cada decisión? ¿Qué emoción habría aquí? Sí todo ya estaría finalizado. Sería, ganar sin competir ¿tendría sentido? Talvez no, porque ¿dónde queda el esfuerzo, la lucha y el deseo? Competir, es arriesgarse con decisiones peligrosas, hay que ponerle misterio, adrenalina, disfrutar el presente con pensamientos y acciones que llevan a sentir y recrear el legado que nos da el momento y, a esa señora pesada y sombría llamada incertidumbre la miramos de reojo, como quien no quiere verla, pero sabemos que está allí.
Jugar, es intimidar con la lógica interna del juego, es una experiencia que implica múltiples secuencias neuro - motoras rebosante de acciones simultáneas en un espacio común. Juego y vida es relacional, se reproducen para y por exposición e interacción de variables. El ideal del juego es provocar indecisión al interior de las estructuras formales y operativas del adversario, la vida, de saber convivir.
Se dice, hay que crear un ambiente ideal, pero ¿existe tal ambiente? Más, cuando no hay un modelo ideal para controlar las acciones externas a mí. La incertidumbre es hija y madre, no hay control, solo intuición. Nos queda el esfuerzo, las emociones, nuestros pensamientos y nuestras interpretaciones.
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