Truly ¡El capi!
¡El que no se siente capitán, porque, no es él, sino que somos todos.
Llega el día del juego, y Truly está ansioso por salir a competir. Profe profe, ¡deme la cinta que hoy ganamos! Truly, aquel ser pequeño en estatura, pero valiente, de carácter fuerte y, aunque se equivoque entrega todo en el juego y la vida, con un corazón que no le cabe en el cuerpo, poseedor de una sonrisa, una palabra o un gesto de amabilidad que revela su felicidad. Su mirada “picara” por naturaleza, evidencia el amor que siente por la vida.
En ocasiones, Truly se pregunta ¿qué se necesita para ser un capitán? ¿Acaso ser el que más juega, ser un veterano de mil batallas, el que ayuda o el que más grita a sus compañeros, talvez aquel que desafía la autoridad del juez, golpea al adversario e incluso increpa a su entrenador? Pero, a Truly no le interesa como se nombra o que hace un capitán, no entiende de charlas motivacionales, de promesas incumplidas, ni de frases copiadas, tampoco de discursos sin argumento, lo que sí sabe, es que se juega con amigos, los mismos que se abrazan, se perdonan, se ayudan ¿qué más motivación? Sabe que un capitán no juzga, ni ridiculiza y, menos ofende; el capitán aplaude, ayuda y protege, se compromete con y para el equipo, entiende que la capitanía es un regalo de la vida.
Como en la vida, Truly sabe que mientras siga jugando seguirá aprendiendo, amando, guerreando. Nunca se pregunta porque lo nombran de capitán, solo lo es y eso es suficiente, las razones no le interesan, pero sí su función. Está ahí para defender la tribu, la gallada, el combo, para combatir, para ser actor y ejemplo de esfuerzo y voluntad. Su ilusión es la victoria o caer junto a sus amigos en el fragor de la lucha, de la competición.
Vivir, jugar, amar, todo es símil, ¡y Truly sí que sabe de eso! lo siente, lo expresa. Su enamoramiento hacia la vida, hacia el juego, hacia el otro no es un es asunto de apego, es amor. aquel amor que lo lleva a desafiar los fascinantes, perturbadores y angustiosos sentimientos y sensaciones de libertad. Para Truly, el otro es su razón de ser y entiende que es el “Capi” porque los otros son.
Truly, el “Capi”, el auténtico, el incondicional, el que esta para todos, aquel que emerge sin que el otro lo nombre, porque siempre hace presencia. ¡El que no se siente capitán, porque, no es él, sino que somos todos!
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