Carta cerrada para los jugadores de Atlético Nacional
Cómo sé muy bien que esta carta no será leída por ustedes, lo más apropiado es darle la condición de carta cerrada
Les escribe un jubilado, que trabajó durante 41 años, tiempo necesario para conseguir el patrimonio que hoy tengo. Un Dios que me bendice a diario, la esposa de siempre, dos hijos, una nuera , un yerno, cuatro nietos, un techo, un carro, una EPS y una pensión que se extingue durante los primeros quince días del mes.
Aprendí con creces lo que es darse a la empresa que te da empleo. Supe de las obligaciones que se adquieren al firmar un contrato de trabajo. Siempre llegué una hora antes y me iba una hora después. Supe afrontar los errores y capitalizarlos.
Mis hinchas eran mis hijos y mi esposa. Vivian orgullosos de mi trabajo y de mi entrega. Fueron bálsamo en los momentos difíciles y premio en los logros. Todo mi trabajo era en función de ellos, de mi empresa y de nuestros clientes.
Este preámbulo es necesario, porque esta carta va para unos privilegiados, que no necesitan trabajar 41 años, porque con 10 años de trabajo, si mucho, consiguen de contado, no una sino varias casas, que a diferencia de la mía fue comprada con 15 años de deuda.
Su trabajo semanal se reduce a un trotecito, hacer velitas, pegarle a un balón, pararse aquí y allá y jugar bobito. Luego tiempo para el gimnasio. Detrás de ustedes siempre hay un cuerpo técnico, un médico, un kinesiólogo, un masajista, un sicólogo, una dietista, un utilero y a lo mejor hasta un director espiritual. Viajan en bus Volvo con sillas ergonómicas escuchando salsa en los audífonos Bose; pues, cuando no van en sus lujosos BMW, y en los viajes largos que no falte el vuelo chárter.
El día del partido por lo general se concentran en los mejores hoteles. La llegada el estadio se hace en medio de vítores, canticos, murgas y bandas. Y luego, 90 minutos de juego, que por lo general se encogen a 55.
Si el trabajo se hizo bien, regular o mal, nada pasa, de todas formas, el sueldo es el mismo, el contrato sigue igual, los empresarios al pie, la palmadita de los directivos en el hombro sigue siendo con el mismo temple.
Quería hacer este paralelo, porque tengo algo para pedirles. Que antes del partido contra la Católica, piensen en el hincha que sacrifica parte de su mercado para comprar una boleta, y si ganan, tendrán derecho a escribirle una carta cerrada a su hijo, pidiéndole que se convierta en su hincha como padre.
Recuerden que todo en la vida es recíproco.
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