El futsala de Colombia en caída libre


La nota publicada en el portal virtual A dos toques de Uruguay hace referencia al reciente caso de la participacion de Colombia en la Copa Libertadores y, en el cual el equipo Alianza Platanera no ha recibido el apoyo para este certamen internacional

La situación del fútbol sala colombiano es preocupante, pero no es de ahora, es de hace varios años atrás, lo cual se hace público cada vez que se acerca una nueva competencia internacional, tanto a nivel de clubes como de selección, donde los inconvenientes son de diferentes índoles que terminan perjudicando a cada actor dentro de la disciplina.

En este caso, el problema se centra en el cupo ganado por Alianza Platanera para representar al país norteño en la próxima edición de la Copa Libertadores, la cual será del 15 al 22 de mayo en Uruguay. Lo primero que se informó fue la no presencia del equipo por motivos de la pandemia y la falta de comunicación por parte de la Federación sobre lo que iba a ocurrir, pero presiones, reuniones y parte de buena voluntad, permitieron abrir una puerta que confirmaron el viaje al certamen de clubes.

El camino se volvió a trancar cuando la pelota se pasó a los directivos de la institución de Medellín, quienes nuevos en sus funciones, presentaron una propuesta que no incluyó remuneración para el cuerpo técnico ni para la base de jugadores que consiguieron el título de la temporada 2019 y por ende, la clasificación. Ante la imposibilidad económica, los actores no aceptaron y se bajaron de decir presentes en el torneo. Se decidió concurrir con nombres de la Liga Local Antioqueña.

La escasa importancia que se le brinda a la disciplina, la mirada esquiva de la Federación para con el deporte, y los dirigentes sin armas, quienes intentan llevar adelante una definitiva actividad amateur. Sin apoyo, sin un resguardo para entrenadores y deportistas, la situación se hace cada vez más complicada. Hay cansancio, desgaste, manoseos y una falta de respeto del trabajo que definitivamente se realiza a pulmón, lo cual mantiene vivo al juego en Colombia.

Varias preguntas se ponen sobre la mesa cuando los pésimos manejos salen a la luz. ¿Fue un acierto organizar una Copa del Mundo en Colombia en 2016? ¿Qué le dejó al deporte? ¿Cuál es el problema de fondo que transita la disciplina? Las charlas con determinados actores han sido claves para empaparse de la realidad. Preocupa, entristece, da impotencia, y reitero, genera demasiadas interrogantes para observar un alentador próximo futuro.

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