Una noche histórica en Cachoeiro de Itapemirim: el Rey llora en el regazo de su tierra natal


El pasado domingo 19 de abril de 2026, Cachoeiro de Itapemirim vivió un capítulo que se va a quedar grabado para siempre en la historia de la música brasileña y en el corazón de todos los que seguimos al Rey.

Roberto Carlos, el eterno chavo de Cachoeiro, cumplió 85 años justo en la ciudad donde todo empezó, cantando en el escenario del Parque de Exposiciones Carlos Caiado Barbosa frente a casi 10 mil personas que estaban completamente entregadas a la emoción.

Fue un regreso a las raíces lleno de nostalgia y puro cariño, además de ser un gran concierto. La familia estuvo presente al cien, como debe ser en una fecha tan especial: Lígia, la sobrina consentida, hija de Norma; su hijo Rafael; los nietos Gianpietro, Giovanna y la chiquita Laurinha; la nuera Valeska Braga; la cuñada Fátima Furioso, viuda de Carlinhos Braga, y otros familiares con los que no tuvimos contacto directo, ya sea por plática o por mirada.

Ver al Rey rodeado de los suyos era como ver la historia completa: el morrillo que salió de ahí, conquistó Brasil y el mundo entero, pero nunca se quitó a Cachoeiro del pecho.

La longevidad, sobre todo cuando dura tantas décadas como la de Roberto, trae algo inevitable: el tiempo pasa, las ausencias se sienten más y la memoria empieza a compartir espacio con los que todavía están.

Aun así, hay algo bien humano y hasta consolador en todo esto, porque, aunque se han ido varios en los años más recientes, los lazos y el afecto siguen intactos. Esa noche estaban ahí, acompañándolo, los que representan esa continuidad, como una extensión viva de todo lo que se celebró con los que ya partieron.

El momento que más nos llegó fue al final de la canción "Meu Pequeno Cachoeiro", justo cuando canta "doce terra onde eu nasci". Roberto no se aguantó. Las lágrimas le salieron solas, sinceras, y emocionaron a todo el mundo. Ahí en el escenario se fundieron el hombre y el artista: ese llanto era la saudade de la infancia, el orgullo por la tierra que lo vio nacer y toda una vida dedicada a la canción, siempre hablando de amor, de volver a casa y de las raíces bien profundas.

Esa noche tuvo un toque todavía más especial y melancólico. Fue el primer cumpleaños que celebró en el escenario sin el inolvidable Genival Barros, su compañero leal y productor técnico que estuvo con Roberto desde los primeros shows de la era pos-Jovem Guarda. Genival, que nunca faltó a ninguna de estas fechas, dejó un vacío que se sintió, pero que la música y la emoción llenaron con mucha dignidad.

El año pasado, Genival Barros y Dedé (el percusionista que empezó con Roberto todavía como baterista) fueron los primeros en recibir pedazos del pastel de manos del propio Rey. Este año la tradición se mantuvo: Dedé, el maestro Eduardo Lages y Maurício Contreiras recibieron ese cariño del Rey.

Roberto Carlos cantó sus grandes éxitos y, además, vivió, sintió y compartió su esencia más pura. El show fue histórico por los 85 años y también porque representó la fuerza de los lazos que resisten al tiempo, la belleza de los orígenes y el alcance de una carrera que sigue conquistando generación tras generación.

Cachoeiro de Itapemirim aplaudió a su gran artista y también a su hijo más querido, al que nunca se le olvidó de dónde venía. Y todo Brasil y el mundo, aunque a la distancia, compartió ese mismo sentimiento a través de nuestra página, que transmitió en vivo buena parte del show.

Un agradecimiento especial a la oficina de prensa del Rey Roberto Carlos, representada por Maurício Aires y Rogério Alves, que nos dieron la oportunidad de cubrir periodísticamente este evento desde la zona de prensa. El buen trato y la chance de registrar y compartir estos momentos y detalles que transmiten tanta emoción se quedan como una parte bien importante de esta experiencia.

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