Una locura de dos millones de personas
Dos millones de personas abarrotan las calles de Madrid en la fiesta de recibimiento a los campeones del mundo.
Madrid fue una gran fiesta. Enorme y eterna. De dos millones de personas, según cifras oficiales. Una marea de felicidad, camisetas de la Selección… para celebrar el segundo Mundial para una España que aún estaba de resaca de una noche inolvidable, pero que quería continuar con la celebración con sus héroes. Los internacionales fueron recibidos con honores durante un recorrido por la capital en la que no cabía un alfiler y que tuvo su momento culmen en una Plaza de Cibeles hasta la bandera. Allí, uno a uno, los campeones del mundo fueron saliendo al escenario frente a un gentío que llevaba esperando horas a sus ídolos.
Hubo presentación y sintonía personalizada para cada aparición, con clásicos como Cubarsí (Raphael), rap para Borja Iglesias (Violadores del Verso), algún guiño a la Eurocopa (sonó ‘Potra Salvaje’ en la salida de Mikel Oyarzabal), ‘Tiburón’ para el goleador Ferran, un pasillo de collejas para el MVP Rodri y manteo para un Luis de la Fuente que se arrancó por Julio Iglesias. Y el seleccionador, el líder de esta nueva edad dorada del fútbol español, quiso brindar el triunfo con la afición: “Este triunfo es vuestro”.
Ese fue el broche de oro de un día muy largo. Varias horas antes del paso de los buses descapotables que llevaban a los campeones con el lema de ‘Reyes del Mundo’, las calles madrileñas ya estaban atestadas de gente. Pero algún aficionado explicaba por qué la espera no se hacía aburrida: “¡Si llevamos 16 años esperando!”. El color rojo de la Selección y el blanco de esa segunda equipación que tanto ha calado se mezclaban entre el gentío, al igual que lo hacían las diferentes generaciones. Aquellos que sufrieron la ‘maldición’ de los cuartos de final en la etapa pre-Luis Aragonés, los que vivieron el Mundial 2010 como algo irrepetible y niños que han sentido en este torneo cómo es ser los mejores del mundo. La ilusión y armas contra el calor que iban desde los clásicos abanicos a pulverizadores de agua ayudaban a combatir temperaturas que superaron a media tarde los 36 grados.
Pero la ilusión era mayor que la sensación de bochorno, y también las ganas de vivir los festejos. Como así se demostró desde el comienzo de la rúa oficial en la plaza de Moncloa. Los futbolistas, tras las protocolarias visitas a los Reyes y al presidente del Gobierno, se cambiaron de ropa y se soltaron en un ambiente más festivo. Nico Williams era de los primeros en arrancarse a bailar, Borja Iglesias lo hacía con la Copa en la cabeza, en la de Ferran se quitaba la camiseta mientras era uno de los más aclamados, no faltaban las bromas de simular que se lanzaba la Copa a los aficionados... Todo, mientras se refrescaban con vaso (o lata) en mano, que ayudaba a pasar también los malos tragos con una buena dosis de cachondeo. ‘Velada del año VII: Paredes vs Gavi’, decía un cartel que sacaban los internacionales en referencia a la tangana del final del partido.
Por entonces, la música se erigía en protagonista. En Cibeles, actuaciones como las de Viva Suecia o Saiko caldeaban el ambiente mientras llegaban los protagonistas. En el bus de la Selección, Borja Iglesias tomaba los mandos de la mesa de mezclas y Pedro Porro, el micrófono como DJ y MC improvisados. También había sitio para sonidos más tradicionales, como el ‘cumpleaños feliz’ que se le cantaba a Álex Baena, quien no perdía ocasión de exhibir una bandera española con el escudo del Atleti. Todo eso mientras Lamine saludaba con corona en la cabeza y Copa del Mundo entre sus manos.
En el paso por la plaza de Colón, las calles eran una enorme marea humana. El lugar donde se han vivido los partidos se encontraba totalmente abarrotada, los decibelios iban en aumento mientras el bus ya parecía una discoteca improvisada. Laporte, Unai Simón, Oyarzabal… también sacaban sus mejores pasos. El capitán Rodri llegaba sentado al frente del bus con la Copa del Mundo en su regazo. Hasta en la celebración parecía querer comandar las operaciones. Y con el Balón de Oro del Mundial en la ‘proa’ se atravesaba la Puerta de Alcalá, con Lamine con el micrófono en la mano, mientras ya caía la noche sobre una Madrid a la que le restaban muchas horas de fiesta.
Porque quedaba Cibeles, las actuaciones de Aitana, Arde Bogotá, Lola Índigo o Ana Mena. También las palabras de los protagonistas, las bromas, los cánticos y hasta Rodri volvió a levantar el trofeo como hizo en Nueva York. Con un recuerdo sentido a María Caamaño. Y con alegría, la de tanta gente que hizo suyo el triunfo de un equipo joven, sano y diverso que ha sabido representar a una sociedad que se ha visto reflejada. Una familia de buenas personas, como resalta su seleccionador. Y si la final fue el ‘partido’... lo de este lunes fue la ‘fiesta de nuestras vidas’.
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