El Ochoa que conocí
Experiencia con el adiestrador que más títulos ha tenido en el fútbol de Colombia
Transcurría el año de 1979. Laboraba en Radio Popular, del Radio Sistema Federal de Antioquia, por invitación cordial de mi maestro Guillermo Hinestroza. Era mi segunda experiencia en el dial antioqueño, ya que Hinestroza me hizo parte del Staff periodístico de Tribuna Roja, un espacio radial dedicado al DIM, que se emitía por Emisora Claridad de Todelar.
Radio Popular hacía parte de un grupo de emisoras, en las que también estaban La Voz del Cine con énfasis en música rock, y de la cual emergieron
figuras cómo Tito López, Donny Miranda, Carlos Alberto Ríos, entre otras. La tercera era una emisora que “machacaba música clásica” casi todo el día y, contrario a Don Quijote, de cuyo nombre sí quiero acordarme, pero se pierde en la memoria.
Sus oficinas estaban en el piso 12 del Edificio La Libertad, ubicado en Palacé con Maracaibo, detrás del Hotel Nutibara, pleno centro de Medellín.
A finales de noviembre del 79, llegó a Medellín el “encopetado” América de Cali, con todos sus estelares, para enfrentar al Atlético Nacional, dirigidos por Oswaldo Juan Zubeldía y que contaba con estrellas cómo Raúl Ramón Navarro Paviatto, Francisco Maturana, Hernán Darío Herrera y los peruanos César Cueto y Guillermo La Rosa, entre otros.
Era la última fecha de los cuadrangulares semifinales de la versión 31 del Fútbol Profesional Colombiano. Carlos Alfredo Gay, Luis Alegría Valencia, Aurelio Pascuttini, Gabriel Chaparro, Luis Reyes, Wilson Américo Quiñónez,
Juan Manuel Battaglia, Gerardo González Aquino, Víctor Lugo, Jorge Ramón Cáceres y Alfonso Cañón, entre otros, llegaron a romper la llamada “maldición de Garabato” y con quien se habían reconciliado en ese mismo año en que también habían traído al médico Gabriel Ochoa Uribe, para “exorcizar” los males de los “Diablos Rojos” de Cali.
Ochoa Uribe, nacido el 20 de noviembre de 1929 en Sopetrán, Antioquia, recién cumplía sus 50 años de vida. El equipo escarlata venía de una victoria en sus cuentas. Había derrotado al Pereira 1-0.
Por su parte, Atlético Nacional empató 0-0 con Junior en el Atanasio Girardot, casi que negando su posibilidad de avanzar al cuadrangular final. Evocaciones a la redonda Era el viernes 23 de noviembre, dos días antes del partido. El técnico americano invitó a Guillermo Hinestroza Isaza al sitio de concentración en el Gran Hotel, ubicado en el centro de “La Capital de la Montaña”. Eran viejos conocidos, ya que el Ochoa Uribe fungió como portero en los albores del fútbol Colombiano y “Don Guillo” también había ocupado esa posición en equipos como Huracán de Medellín, Santa Fe, entre otros. Igualmente, los unía la amistad con Carlos Álvarez, un legendario arquero antioqueño.
A la charla fui de “metiche”, así me decía entre risas el polifacético Hinestroza Isaza. El estratega americano tenía fama de bravo y "malas pulgas”. Fui prevenido. La cita fue antes del mediodía, antes de la emisión del programa “Goles y Comentarios”.
Un abrazo rompecostillas entre Ochoa y el casi sexagenario periodista paisa.
- Te presento a mi fiel escudero, mi ponderado amigo ROOOOSSSSEVVVVVEELLLLTTTT, expresó con una risa en sus labios mi maestro. - Mucho gusto joven, saludó el profesor mientras extendía su mano derecha y yo hacía lo mismo, pero con timidez agobiante.
La evocación empezó a aflorar. La memoria lúcida de los dos contertulios traía al presente la creación del Unión, equipo de infantes del barrio Boston que luego le daría origen al Atlético Nacional. Igualmente, las atrapadas de un balón esquivo y muchas veces pesado que hacia su genial amigo Carlos Álvarez.
El amor por los caballos y su época de Jockey de Ochoa, en el Hipódromo de San Fernando, que también contaba con una cancha de fútbol para los partidos. Remembranzas aquellas que, entre risas, compartían los hombres del fútbol.
Ochoa también le recordó a Guillo sus inicios en el rentado colombiano con el mismo equipo que tres décadas enfrentaría en el Atanasio Girardot. De igual forma, un poco de su recorrido por el balompié de Brasil y del país.
“El Tío Memo”, por su parte, comentó que íbamos a realizar un Torneo Babyfútbol con la gente del Deportivo Independiente Medellín, por invitación cordial de su gerente Hernán Gómez Agudelo y muy similar a los que este versátil hombre orientó por tres versiones anteriores.
Lo que no supo el profe Ochoa es que a los pocos días, ya el papá de “El Bolillo” se lo entregaría a Antonio Franco Ruiz y José María Ramaciotti, por las duras críticas que el afamado periodista había realizado en los micrófonos de esta emisora antioqueña.
La risa desmitificó a este hombre del fútbol, que conquistó cinco títulos como jugador con Millonarios y el mismo número en calidad de técnico. De igual forma, una estrella con el Independiente Santa Fe y siete con el América, la primera de ellas en ese año de mi encuentro con él, para convertirse en el estratega colombiano con más títulos en nuestro balompié rentado.
La cita duró 45 minutos y sin la reposición necesaria porque debíamos dirigirnos hacia la cabina de la emisora. Ese día me fui “sacando pecho” para el programa, no sin antes agradecer al maestro por la oportunidad de encontrarme con alguien tan importante para nuestro fútbol. Ahhh… y el resultado final del encuentro dominical: 4-2 a favor de Nacional, pero que no
le sirvió, porque el profesor Ochoa avanzó como segundo del grupo A detrás del Junior, para luego coronarse como campeón por primera vez, rompiendo el embrujo del odontólogo palmireño Benjamín Urrea, más conocido como “Garabato”.
En un trabajo serio, disciplinado y constante, hemos logrado sumar este importante número de logros.
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