De plagios y omisiones... ¡oh misiones!
Ricardo Lagoueyte el autor de La Chaua
En los años 80 tomó fuerza una exitosa ocurrencia del deportista y preparador físico, profesor Ricardo Lagoueyte. Fue el himno de batalla deportiva que decía “soy antioqueño toda la vida y por Antioquia he de morir”. Lo llamaban algo así como "La Chagua".
Quien perteneció al movimiento Scout en la segunda mitad del siglo pasado tuvo un canto con la misma música que años más tarde alentó inicialmente a las selecciones juveniles de Antioquia en fútbol.
Los scouts en Colombia cantaban: "Una mañana de sol radiante / belachao, belachao, belachao, chao, chao". Y el coro finalizaba con la proclama "Soy un scout toda la vida y por mi causa he de morir". En otros países cambiaba la letra, aunque en España los chicos exploradores han cantado “El Guerrillero”, una traducción del original italiano.
¿Original italiano? Sí. Los scouts y Lagoueyte parodiaban un himno de la resistencia partisana, esa guerrilla que se alzó contra el fachismo de Mussolini en los años 30 del siglo pasado.
En Antioquia ya se conocía de esos "prestados" musicales. Camilo García, del Dueto de Antaño, daba por suya “La Lancha”, que había oído en un disco de unos argentinos Héctor María Artola, Francisco Antonio Bertoldi y Edgardo Donato, plagietas a su vez de una pieza del francés Daniel Auber en su ópera cómica de 1830 “Fra Diavolo”.
Y ni modo de olvidar que el himno de la Universidad de Antioquia, aunque a muchos hijos de esa alma madre los pone "arrozudos”, se le hace conocido a muchos visitantes.
Édgar Poe Restrepo le puso la letra a la música “de” José María Bravo, que copió tal cual de un himno religioso que hace 165 años compuso el ministro
mormón Robert Loury, "Shall We Gather at the River" y que en parlache sería "Nos pillamos en el río, parce ¿sí o qué neíta?”.
Todo se supo. Al músico Bravo Márquez lo chismoso la aldea global. Muy difícil ser original cuando, no más la base de datos de películas IMDB, aparecen más de 50 cintas que tocan el "himno de la de Antioquia", que además sale en un capítulo de los Simpsons.
¿Y Bella Ciao es de los enmontados de Italia? Curioso que un canto tan antifachista en un principio termina en causas tan "un poquitico fachas", como eran los Boy Scouts del siglo pasado, tan queridos por Mussolini, Franco y Hitler. No sería único: tampoco la Universidad de Antioquia es el paradigma de lo confesional y, menos, mormona.
Bella Ciao... tan emocionante oírla en los momentos más épicos de La Casa de Papel y saber que tampoco fue ninguna original de los partisanos (guerrilleros) italianos. La música venía sonando a principios de siglo y en 1919 la patentó en Nueva York un acordeonista gitano cristiano de Ucrania, cristiano que tenía un nombre muy raro que ustedes tampoco se van a aprender y la llamó "Oh oh oh Koilen", que según el traductor de Google, esa palabra del ucraniano significa en español... "¡koilen! Bella Ciao... dizque compuesta en Nueva York por ese Mishka Tziganoff, que así se llamó el plagietas ucraniano, porque tampoco era de él. Como era músico de klesmer, el género de la canción, se la había aprendido en su patria como “Dus zekele
koilen" que, como su nombre lo dice, quiere decir por esta tierra, "el costalito de carbón". Era un canto común entre los askenazis, o sea los judíos de Europa oriental, antes de la Primera Guerra.
Bella Ciao... pase que la música venga de no se sabe dónde, pero es que la letra tampoco. En Italia, cerca al río Po, el de los crucigramas, cultivaban algodón en el siglo antepasado.
Comparan dos canciones de las algodoneras y son similares a la letra y el espíritu de la canción: "Picchia alla porticella" y "Fior di tomba". No haré comentarios sobre esos sugerentes nombres.
Así que, entre campesinas algodoneras, judíos orientales, gitanos cristianos, guerrilleros antifachos, scouts medio fachos, futbolistas de changua y ladrones de bancos se han montado en un himno movilizador e incitador a la lucha. Todos los enemigos cupieron plagiando, cantando y animándose a sus luchas.
Mucho antes de los orígenes de Bela Ciao, la Guaneña era un canto de amor y guerra que animó a los independentistas bolivarianos. Y en 1868, por aquellas en mil guerras civiles, Epifanio Mejía publica “El Canto del Antioqueño”, días antes de la Declaración de San Petesburgo, primer tratado que reguló armas crueles en las guerras. Así que Epifanio cantó a la guerra sin reglas, pero también al amor a los suyos, a las nenas y al terruño.
Los paisanos de su región, casi 100 años después, tomaron como himno las estrofas menos convocantes para hacer de esos versos el Himno de Antioquia, el otro que mpone arrozudos y valientes a paisas y costeños de Urabá que son la población predominante en este departamento de Colombia.
Pero los diputados de 1962 peluquearon la canción que sonaba décadas antes porque el payanés Gonzalo Vidal le puso música a la invocación partisana del yarumalense Mejía y Vidal murió en 1946. Es decir, no fue por un himno por encargo, como casi todos.
Antioquia fue hecha descuajando monte a golpe de hacha. Era progreso. Era música. Hoy, un hacha es tan disonante como una motosierra. Y la guerra a lanzazos, ni se diga lo cruel y desusado. Pero a los antioqueños les ha faltado valentía para cambiar el hacha que quiere “porque a sus golpes libres asentos resuenan” por otras estrofas, necesarias en estos tiempos y volver a invocar
los versos que hace más de 150 años le deben inspirar de su canto de pertenencia, amor y lucha. No puede despreciarse el espíritu que infunden coplas como estas: Muchachos, les digo a todos los vecinos de las selvas la corneta está sonando... ¡tiranos hay en la sierra!...
Volamos como huracanes regados sobre la tierra, ¡ay del que espere el empuje
de nuestras lanzas revueltas!...
Perdonamos al rendido porque también hay nobleza en los bravos corazones
que nutren las viejas selvas.
En un trabajo serio, disciplinado y constante, hemos logrado sumar este importante número de logros.
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