Se apaga Wbeimar lo dice, no la voz libre
La crisis de la radio se lleva por delante un programa emblemático, pero el personaje sigue vigente. Foto Cápsulas
Hablar de Wbeimar Muñoz Ceballos es mucho más que hablar de periodismo deportivo, de comentarios futboleros o de emprendimiento empresarial, mucho antes de que este término existiera. Hablar de la “voz libre en el deporte” es referirse a una institución de la radio local, regional y nacional, cuya última emisión de su emblemático Wbeimar lo dice este 29 de mayo también habla de un visible Requiescat in Pace para la radiofonía mundial.
Por supuesto que no se acaba la radio en el mundo porque termina Wbeimar lo dice, sino que el programa se silencia porque al negocio de las ondas hertzianas le ocurre ahora lo que les ocurrió a las máquinas de escribir cuando surgieron los editores de texto en los computadores: quedaron mandadas a recoger.
Wbeimar, quien hace tanto está en primera línea que se cuenta entre los maestros de Iván Mejía Álvarez, resigna así la partida en el ajedrez de la permanencia en ese medio, juego en el que tuvo altas y bajas, retiros temporales y promisorios retornos, sobreponiéndose incluso a dos crisis económicas globales y otras tantas personales. Hasta que la depresión del coronavirus representó el jaque mate al que tanto se resistió como empresario del periodismo deportivo.
Desde sus 22 años (e incluso antes en programas de la emisora de la Universidad de Antioquia) ya estaba en las lides radiales, cuando aún eran boom aunque las hubiera amenazado en principio la llegada de la televisión. Trabajó, se posicionó y quedó ubicado en el lote puntero de la radio deportiva nacional cuando las empresas de medios valían diez veces su peso en oro. Solo que ese valor de la radio se fue depreciando, el modelo de negocio cambió para siempre después de la aparición de internet, y el medio ambiente empresarial en el cual siempre se movió Wbeimar quedó herido de muerte.
Wbeimar estuvo en todos los modelos conocidos, desde empleado de buena remuneración (aunque en condiciones alejadas del Código Laboral, hay que decirlo), hasta concesionario de espacios. Con esta última figura fue empresario durante 45 años; forjó no solo un estilo sino al menos tres generaciones de buenos periodistas, una lista que sería tan larga que mejor se omite, pero es evidente.
El amor de Wbeimar al terruño paisa (siendo vallecacaucano de Sevilla, casi en el Eje Cafetero) lo alejó de numerosas tentaciones de figuración nacional mudándose a Bogotá, para dejar su huella en el país desde la marcada en Medellín y Antioquia con su voz libre, sus comentarios amenos y su autoridad técnica, que sí que la tiene, sin necesidad de aires pontificios.
Cuánto durará más la radio cuando los dueños de emisoras están encartados con ellas y obligan a que los concesionarios las mantengan, nadie lo sabe. Por ahora sabemos que un espacio de tanta valía como Wbeimar lo dice no irá más después de estar al aire desde 1975.
Pésima señal para la radio, pero dista mucho de ser el fin para Wbeimar como periodista, comentarista y emprendedor: no solo sigue en televisión, sino que su agudo ingenio tiene todavía mucha cuerda como para probar suerte en otros escenarios periodísticos y empresariales más del siglo XXI, como los digitales. ¡Tiempo y ganas es lo que hay, maestro!
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