Sin Tercera División no hay futuro: el Mundial volvió a desnudar el gran pecado del fútbol colombiano


La eliminación de Colombia no solo se explica en Vancouver; comenzó hace décadas, cuando el país decidió cerrarles la puerta a cientos de futbolistas.

El penal errado. La falta de contundencia. La ausencia de un goleador. Los cambios de Néstor Lorenzo. La inspiración de Suiza. Todo eso explica una parte de la eliminación de Colombia del Mundial 2026.

Pero solo una parte.

La verdadera explicación hay que buscarla mucho más atrás. Hay que recorrer miles de kilómetros hasta las canchas polvorientas de los municipios, los barrios y las regiones donde cada fin de semana nacen futbolistas que jamás tendrán la oportunidad de convertirse en profesionales.

El gran fracaso del fútbol colombiano no empezó en los octavos de final del Mundial. Comenzó hace muchos años cuando el país decidió que 36 equipos profesionales eran suficientes para representar a una nación de más de 50 millones de habitantes.

Mientras las grandes potencias amplían sus estructuras competitivas, Colombia continúa negándose a crear una verdadera Tercera División profesional, un campeonato que podría cambiar para siempre el destino del fútbol nacional.

Un país que desperdicia talento

Cada año miles de jóvenes terminan su proceso en las divisiones menores. Muchos son campeones departamentales. Otros brillan en torneos nacionales. Algunos llegan incluso a procesos de Selección Colombia juvenil.

Pero al cumplir 18 o 19 años encuentran un muro. Simplemente no existen suficientes equipos profesionales donde puedan continuar su carrera. La consecuencia es devastadora. Muchos abandonan el fútbol.

Otros emigran a ligas de menor nivel. Algunos terminan jugando torneos aficionados. Unos más terminan siendo engañados por empresarios ladrones que los dejan a la deriva en tierras lejanas, Y otros cuantos, los más afortunados, logran encontrar una oportunidad en el exterior antes que en su propio país. Colombia no pierde únicamente futbolistas. Pierde inversión. Pierde talento. Pierde patrimonio deportivo.

El Mundial dejó una enseñanza

Durante el Mundial quedó claro que Colombia posee una base competitiva. Tiene buenos defensores. Tiene volantes de gran nivel. Tiene extremos desequilibrantes. Pero sigue padeciendo el mismo problema de hace años: No produce suficientes futbolistas de élite en todas las posiciones.

Las potencias no dependen de una generación. Las potencias producen generaciones completas. ¿Por qué? Porque tienen estructuras competitivas mucho más amplias.

El espejo europeo

En Inglaterra, el sistema profesional llega hasta la cuarta división nacional.

En España, Alemania, Francia e Italia existen varias categorías profesionales y semiprofesionales que permiten que cientos de clubes desarrollen jugadores cada temporada.

Eso significa miles de futbolistas compitiendo cada fin de semana bajo estándares profesionales. Colombia, en cambio, mantiene una estructura reducida.

El resultado es evidente.

El universo de jugadores disponibles para la Selección termina siendo mucho más pequeño. No es un gasto; es una inversión. Quienes se oponen a la Tercera División suelen argumentar que los clubes no tienen recursos suficientes.

La preocupación económica es real. Organizar un torneo nacional implica costos de viajes, logística, arbitraje e infraestructura. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el gasto inmediato.

Una Tercera División bien estructurada puede convertirse en una inversión para el fútbol colombiano:

  • Más jugadores con formación profesional.
  • Mayor vitrina para clubes y regiones.
  • Más oportunidades para entrenadores, árbitros y preparadores físicos.
  • Incremento del mercado de transferencias.
  • Fortalecimiento del desarrollo juvenil.

Varios países han demostrado que un sistema escalonado favorece el crecimiento del talento y de la industria del fútbol, aunque el diseño concreto debe adaptarse a la realidad económica de cada federación.

¿Quiénes frenan la Tercera División?

La respuesta no es sencilla y tampoco puede reducirse a un solo responsable. Durante años, distintos actores del fútbol colombiano han debatido el tema sin que se concrete una implementación nacional.

Entre ellos se encuentran:

  • La División Mayor del Fútbol Colombiano (DIMAYOR), que organiza los torneos profesionales y tendría un papel central en cualquier reforma estructural.
  • La Federación Colombiana de Fútbol (FCF), encargada del desarrollo del fútbol nacional y de articular políticas deportivas.
  • Los clubes profesionales, algunos de los cuales han expresado preocupaciones por la sostenibilidad económica de una nueva categoría.
  • Los propios dirigentes del fútbol colombiano, que durante diferentes administraciones no han logrado construir un consenso para poner en marcha el proyecto.
  • Las autoridades públicas, cuya participación en infraestructura, incentivos y políticas deportivas también puede influir en la viabilidad de una expansión del sistema.

Más que señalar un único culpable, el retraso responde a una combinación de factores económicos, administrativos y de gobernanza.

El costo de no cambiar

Mientras Colombia discute si es posible crear una Tercera División, otros países siguen ampliando sus estructuras. Cada año que pasa sin una categoría adicional significa menos oportunidades para cientos de futbolistas.

También significa que la Selección tendrá un universo más reducido del cual escoger. En el alto rendimiento, la diferencia no siempre está en los once titulares. Está en la cantidad de jugadores que compiten por esos once puestos.

Las grandes selecciones no construyen su éxito únicamente con estrellas. Lo hacen con sistemas.

El ejemplo que Colombia debería mirar

El fútbol colombiano ya posee un activo enorme: las ligas departamentales y el fútbol aficionado. Allí compiten miles de jugadores cada temporada.

El desafío consiste en tender un puente entre ese fútbol formativo y el profesionalismo.

Una Tercera División podría convertirse en ese eslabón perdido, siempre que cuente con un modelo financiero sostenible, licencias deportivas claras y una planificación de largo plazo.

La eliminación que debe dejar una lección

Es fácil culpar a un delantero por fallar una oportunidad o a un defensor por errar un penal. Más difícil es aceptar que los problemas estructurales se construyen durante años.

Colombia volvió a competir con dignidad en un Mundial. Pero si quiere dejar de ser una selección que ilusiona para convertirse en una que conquiste títulos, tendrá que mirar más allá del próximo partido.

Tendrá que revisar la manera en que forma, desarrolla y proyecta a sus futbolistas. Porque los Mundiales no se empiezan a ganar el día del debut. Se empiezan a construir muchos años antes, en las canchas donde hoy miles de jóvenes siguen esperando una oportunidad que, por falta de una Tercera División, todavía no existe.

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