Lo bueno, lo malo y lo feo de Colombia en el Mundial 2026
La ilusión estuvo viva… hasta que los penales volvieron a ser verdugos.
Por tercera vez en su historia mundialista, Colombia volvió a despedirse desde el punto penal. En Vancouver no perdió un partido; perdió una oportunidad histórica. Durante 120 minutos fue capaz de competir de igual a igual contra Suiza, pero volvió a demostrar que en el fútbol moderno no basta con jugar bien: hay que convertir las ocasiones.
La eliminación en los octavos de final deja una sensación ambigua. No fue un fracaso rotundo, pero tampoco puede catalogarse como un éxito pleno. Colombia confirmó que pertenece al grupo de selecciones competitivas del mundo, aunque sigue sin dar el salto definitivo hacia la élite.
LO BUENO
1. Colombia recuperó respeto internacional
Después de quedarse fuera de Catar 2022, regresar al Mundial ya representaba un reto. Sin embargo, el equipo de Néstor Lorenzo no fue un simple participante.
Superó una fase de grupos exigente, mostró personalidad, derrotó a Ghana en un partido decisivo y llegó a octavos transmitiendo la sensación de que podía competir frente a cualquiera. La eliminación llegó por penales tras un empate sin goles ante Suiza, en un compromiso muy equilibrado.
2. Solidez defensiva
La defensa volvió a ser el gran patrimonio del equipo. Camilo Vargas respondió cuando fue exigido. Dávinson Sánchez recuperó su mejor nivel. Jhon Lucumí se consolidó como un central de categoría internacional.
Daniel Muñoz volvió a demostrar que es uno de los laterales más completos del continente. Colombia recibió muy pocos goles durante el campeonato y defensivamente estuvo entre las selecciones más sólidas.
3. El crecimiento de Jhon Arias
Si alguien salió completamente fortalecido fue Jhon Arias. Corrió, asistió, marcó, recuperó balones y nunca dejó de intentar. Terminó siendo uno de los jugadores más determinantes del torneo para Colombia.
4. La identidad del equipo
Lorenzo logró algo muy difícil: que Colombia tuviera una idea clara. El equipo presionó alto. Buscó salir jugando. No renunció al balón. Mostró orden táctico.
Esa identidad permitió competir incluso contra selecciones europeas físicamente superiores.
LO MALO
La falta de contundencia
Fue el pecado capital. Durante el Mundial Colombia generó oportunidades suficientes para avanzar mucho más lejos. Sin embargo, los delanteros estuvieron lejos de su mejor versión.
En el partido contra Suiza volvió a repetirse la historia: aproximaciones, dominio territorial y muy poca eficacia. El propio Néstor Lorenzo reconoció que la falta de definición fue el principal motivo de la eliminación.
Dependencia de Luis Díaz
Cuando Luis Díaz encontraba espacios, Colombia atacaba. Cuando lo controlaban, el equipo perdía profundidad. Faltó un segundo jugador capaz de desequilibrar constantemente.
El banco no marcó diferencias.
Los cambios nunca lograron cambiar el rumbo de los partidos. Ningún suplente terminó convirtiéndose en el revulsivo que necesitaba Colombia.
LO FEO
Los penales
La historia volvió a repetirse. Como ocurrió frente a Inglaterra en Rusia 2018, Colombia volvió a despedirse desde los once metros.
Más allá de señalar culpables, quedó claro que la preparación psicológica para estas instancias sigue siendo una deuda. El final de una generación. Muy probablemente este fue el último Mundial para varios referentes:
James Rodríguez, David Ospina, Camilo Vargas, Juan Fernando Quintero, Jefferson Lerma, Yerry Mina, incluso Santiago Arias.
Todos ellos fueron protagonistas de una de las mejores generaciones del fútbol colombiano y ahora llega el momento del relevo.
Uno por uno
Camilo Vargas (8.5): Transmitió seguridad, Atajó cuando el equipo lo necesitó, Nada pudo hacer en la definición por penales.
David Ospina (7): Su papel fue el de líder silencioso. Aunque no fue titular, su experiencia siguió siendo fundamental.
Daniel Muñoz (8.5): Incansable. Atacó. Defendió. Fue uno de los mejores laterales del Mundial.
Dávinson Sánchez (7): Hizo un gran campeonato. Sin embargo, el penal errado deja una imagen amarga que no puede borrar todo lo bueno realizado.
Jhon Lucumí (9): El mejor defensor colombiano. Seguro. Elegante. Ganó casi todos los duelos individuales.
Deiver Machado (7): Correcto. Cumplidor. Sin grandes errores.
Jefferson Lerma (8): El equilibrio del equipo. Recuperó, ordenó y dio salida.
Richard Ríos (8.5): Confirmó que pertenece al más alto nivel internacional. Fue uno de los motores del mediocampo.
Kevin Castaño (7.5): Mostró personalidad. Le faltó continuidad.
James Rodríguez (7.5): Su inteligencia sigue intacta. Pero el físico ya no le permite sostener el mismo ritmo durante noventa minutos. Aun así, dejó destellos de su enorme calidad.
Juan Fernando Quintero (6.5): Participación limitada. No logró cambiar partidos desde el banco.
Gustavo Puerta (7.5): Su participación, aunque no fue tan extensa como la de otros titulares, representa una de las mayores esperanzas del recambio generacional colombiano.
Jhon Arias (9.5): El mejor colombiano del Mundial. Fue el futbolista más regular. Marcó diferencias. Nunca dejó de competir.
Luis Díaz (8): El jugador más desequilibrante. Le faltó el gol. Fue víctima permanente de las dobles marcas.
Jhon Córdoba (7): Su lesión terminó afectando el poder ofensivo del equipo.
Luis Suárez (7): Mucho sacrificio. Poca eficacia.
Cucho Hernández (6.5): Se esperaba mucho más. Nunca logró consolidarse.
Carlos Gómez (6.5): Mostró condiciones. Todavía le falta madurez internacional.
Néstor Lorenzo: ¿aprobado o reprobado?
Calificación: 8.5 sobre 10
Sería injusto medir su proceso únicamente por una tanda de penales. Tomó una selección golpeada tras quedarse fuera del Mundial de Catar. La clasificó con autoridad. La llevó a una final continental. Construyó una identidad. Y volvió a instalar a Colombia entre las mejores selecciones del planeta.
Sin embargo, este Mundial también deja enseñanzas. Debe encontrar un plan alternativo cuando Luis Díaz no aparece. Necesita mejorar la contundencia ofensiva. Y deberá liderar el inevitable cambio generacional.
Lorenzo defendió sus decisiones tras la eliminación y sostuvo que el equipo hizo méritos para avanzar, pero que la falta de eficacia terminó inclinando la balanza.
Veredicto final
Colombia no regresará con las manos vacías. Regresa con una selección competitiva. Con una base importante. Con jóvenes listos para asumir el relevo.
Pero también con una frustración enorme. Porque este Mundial dejó la sensación de que los cuartos de final estaban al alcance. No fue un fracaso.
Tampoco fue la hazaña soñada. Fue un Mundial que confirmó el crecimiento del fútbol colombiano, pero que recordó, una vez más, que la diferencia entre la gloria y la tristeza suele medirse en centímetros… o en once pasos.
La gran pregunta ya no es si Colombia puede competir con las mejores selecciones del mundo.
La verdadera pregunta es cuándo dará ese paso definitivo para instalarse, por fin, entre las grandes potencias del fútbol mundial.
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